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Señor Director de IDEAL: Resulta obligado, ahora, cuando
la Federación Internacional de Pueri Cantores
se plantea como uno de sus objetivos prioritarios en
España reconstruir las viejas Escolanías
Catedralicias de Pueri Cantores, y se valora la interpretación
musical de las escrituras sagradas como la más
eficaz prestación en el servicio litúrgico,
exaltar la tarea, desarrollada con tanto fervor como
exigencia estética, por los Niños Cantores
de la Catedral de Guadix, que dirige un sacerdote, gran
músico, don Carlos Ros.
Su atención al calendario litúrgico es
admirable y la proyección exterior que ha venido
haciendo del genuino espíritu de los Pueri Cantores,
una tarea permanente, tanto en España como en
el extranjero. Los Niños Cantores de la Catedral
de Guadix han asistido a todos los congresos tanto nacionales
como internacionales de Pueri Cantores, habiendo realizado
también fructíferos intercambios con coros
alemanes.
Justo es decir que su director ha rechazado siempre
toda ostentación y toda vanidad. Nada para él
más ajeno que los bombos mutuos. Don Carlos Ros
es como un padre y un maestro de sus cantores que integran
un coro en el que se suceden los relevos como la cosa
más natural. Los sopranos de ayer son los tenores
o los bajos de hoy y los sopranos o los contraltos actuales,
sus discípulos. Don Carlos Ros ha vivido todo
un siglo de servicio a la Iglesia a través de
la música, animando y dando ejemplo y enseñando
a sus cantores. ¿Cómo podía estarse
equivocando por tener razón? Él ha cultivado
siempre la auténtica música sacra y ha
aleccionado a sus cantores a cantar en verdad y en belleza.
Nunca lo he visto ni ante las candilejas ni las cámaras
fotográficas o los focos de la televisión,
siempre con su tradicional sotana, ajeno a las modas,
pero hay que decir que por debajo de todas las decepciones
de los tiempos y del tráfico de las vanidades
y los egoísmos se ha podido encontrar en sus
gestos y en sus palabras como una extraña aurora,
una fidelidad siempre clarividente y tenaz. Don Carlos
Ros ha encontrado, acaso, en el presente las mismas
verdades que ya habían sido encontradas en el
pasado. La pura pasión por la gracia que emana
de la música sagrada es para él como un
alimento del espíritu que ennoblece las pasiones
de los hombres, como se decía de la cítara
de Apolo en una canción del siglo IV antes de
Cristo; no una resonancia, sino algo carismático
que revela el misterio; tal es su espíritu vivificador.
Don Carlos Ros se lo sabe de memoria 'par coeur', que
se diría en Francia.
Juan Carlos Villacorta. Madrid.
(Publicado en Ideal de Granada. 15 de Julio de 2001)
Este Artículo pertenece al libro:
"Escolanía Niños
Cantores de la Catedral de
Guadix: 50 años de Historia Musical"
que se publicará el año próximo,
con motivo del 50 aniversario.
Autor: José Manuel Baena
Herrera
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