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Don Carlos Ros, la
Escolanía, Guadix; Tres nombres entrañables
unidos en el recuerdo. Con solo pronunciarlos, la emoción
salpica mi corazón y la nostalgia se apodera
de mí.
Cuando era ayer todavía en ese Guadix de los
días largos, del pan con aceite y azúcar,
de la desesperanza; cuando veíamos a nuestros
amigos y parientes marchar a esas tierras lejanas de
la emigración, en ese maldito tren que conocíamos
con el nombre del “Catalán”, tren
que separaba a los padres de sus hijos, a los hijos
de sus hermanos, tren que rompía amistades por
la distancia y por el tiempo. Cuando era ayer todavía
en ese Guadix oscuro y silencioso, había una
Luz, resplandeciente, limpia, blanca; Una Luz compuesta
de decenas de sotanas blancas, limpias, resplandecientes:
La Escolanía, nuestra Escolanía, nuestro
orgullo, el orgullo de Guadix.
No había acontecimiento social, cultural o religioso
en el que no participara la Escolanía. Los escolanos
eran niños alegres, muchos de ellos traviesos,
pero sobretodo, eran niños espabilados, verdaderamente
eran distintos. Niños que gracias a la Escolanía,
viajaron, vieron mundo; Comprobaron por si mismos que
el mundo no termina en nuestros cerros, en los cerros
que rodean la ciudad de Guadix y que nos impiden ver
el horizonte. Las gentes de Guadix somos gentes cerradas,
en gran parte, por estas circunstancias geográficas.
Pero los escolanos no, los escolanos eran abiertos…,sin
complejos. Ellos tuvieron la oportunidad de ver y disfrutar
de otras tierras, de otros paisajes, de otras culturas.
Este hecho les marcó su personalidad y bien que
se les nota.
Don Carlos Ros los acercó a la música
y los llenó de sensibilidad musical. Don Carlos
nos acercó a todos los accitanos a la música.
Particularmente lo pude comprobar en mi etapa de Alcalde,
pero de manera especial en la etapa de concejal de cultura.
Cuando llegaban esas grandes orquestas de música
clásica a nuestra ciudad, con sus músicos
dispuestos para dar un concierto más y al final,
cuando terminaban, quedaban impresionados con los silencios,
con los aplausos, con el saber escuchar de los vecinos
de nuestro pueblo.
No tengo ninguna duda, Don Carlos Ros con su entrega
y con su esfuerzo, fue el responsable de que en este
“valle risueño” vivamos de manera
especial la música clásica. Don Carlos
Ros, gran hombre, siempre cabizbajo por su timidez y
humildad, pero siempre comprometido con su obra y con
su espiritualidad; Cura, bueno, cura no, Sacerdote,
de los pies a la cabeza, con toda rotundidad y con toda
solemnidad. Coherente en sus ideas y pensamientos y
siempre, dispuesto para cantar allí donde se
lo pedían.
La primera vez que me dirigí a él para
solicitarle que la Escolanía cantara, fue en
el funeral de Enrique Casas, senador socialista, asesinado
por ETA. Muchos pensaban que Don Carlos no acudiría,
pero Don Carlos llegó con sus escolanos, cantaron
la misa y cantaron canciones vascas, emocionando a todos
los vascos que ese día acudieron a Guadix.
Particularmente pienso que a Don Carlos no le hemos
agradecido suficientemente todo lo que ha hecho por
Guadix; Aunque fue nombrado hijo adoptivo y predilecto,
le dimos su nombre a una calle y al conservatorio elemental
o lo hayamos enterrado junto a Pedro Antonio de Alarcón,
todo esto no basta. Don Carlos ha sido uno de los personajes
más importantes del Guadix del Siglo XX, ha sido
y seguirá siendo un ejemplo para todos; nos acercó
a personas desconocidas para nosotros pero reconocidas
mundialmente como Palestrina, Bach, Mozart, Haendel…,
a los grandes compositores de la música clásica.
Y también a otros muchos compositores desconocidos
entonces para todos menos para él, sólo
él, su gran cultura y su enorme curiosidad se
lo permitían. Ahora a todos nos suenan y nos
parecen inseparables de la práctica coral nombres
como Irruarízaga, Goicoechea, Otaño, nuestro
admirado Juan Alfonso o su maestro Valentín Ruiz-Aznar.
Don Carlos siempre ocupará una parte importante
en nuestros corazones y en nuestra memoria colectiva.
Cuando tenia nueve o diez años, mi amigo Paco
me insistía para que fuera a la Catedral el domingo,
a misa de doce; ese día iban a cantar el Aleluya
de Haendel y ese día fui, escuché y me
enganché a la Escolanía. Que envidia pasaba,
yo quería ser escolano, pero siempre que me presentaba
a las pruebas nunca daba la “nota”. Algunos
años después, Don Carlos, que sabía
de mi frustración acudió a mi despacho
de la Alcaldía y me regaló el escudo de
la Escolanía; Ese día fui feliz; Yo ya
era escolano.
Y siguieron pasando los años y un día
Don Carlos se despidió de nosotros, se fue sin
hacer ruido y sin molestar. Nunca olvidaré su
funeral, cuando decenas de escolanos se concentraron
a las puertas de la Escolanía y en procesión,
llorando y con sus réquiems y cantos espirituales,
cabizbajos y en profundo recogimiento acompañaban
al maestro.
Cuando lo estábamos enterrando, todos éramos
conscientes de que estábamos enterrando una parte
muy importante de la historia de Guadix.
Don Carlos, Gracias y mil veces Gracias.
José Luis Hernández Pérez . Guadix
Este Artículo pertenece al libro:
"Escolanía Niños
Cantores de la Catedral de
Guadix: 50 años de Historia Musical"
que se publicará el año próximo,
con motivo del 50 aniversario.
Autor: José Manuel Baena
Herrera
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