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En este quincuagésimo aniversario de la Escolanía
de Guadix, quisiera rememorar la figura de su fundador,
desde la mirada de un escolano cualquiera y en el que
queda impresa para siempre, tanto en la retina, como
en el corazón y el recuerdo, la semilla de D.
Carlos.
Él, nos moldeó de tal forma, que sin
darnos cuenta ha conformado varias generaciones de hombres,
con unas características muy definidas, reflejos
todas ellas de sus distintas aristas como Sacerdote,
como Persona con mayúscula y como Educador.
En su faceta de sacerdote, se me ocurre, que aquí
se hace buena la Parábola del Sembrador, su semilla
cae en todo tipo de tierra y cuando el grano se pudre
germina y da fruto. ¿Quién de nosotros
no lleva dentro la devoción a María?.
¿Os acordáis del mes de Mayo?.¡Qué
olor especial tenían para nosotros aquellas MISAS
DE FLORES a tempranas horas de la mañana, con
nuestra sotanilla azul, aquellos cantos a María
invocando su pureza!. ¿A quién de nosotros
no le arañó su compromiso coherente con
su sotana de por vida, impertérrito a los vaivenes
de los tiempos?. ¡Cómo supo obedecer sabiamente
a la jerarquía establecida, siempre en su convencimiento
de que el Reino de Dios era posible en nuestro pequeño
mundo!.
¡Cuántas cosas nos transmitió como
ser humano, qué ejemplaridad en sus planteamientos
patrios. Con qué humildad planteó siempre
sus argumentos,¿os acordáis de su madridismo
futbolero?. ¿Os acordáis con qué
sencillez siempre se sentaba en la última fila
del autocar, en el último asiento, que era el
que más saltos daba y aseguraba la infranqueabilidad
de la puerta de la Autedia?. ¡Con qué sencillez
aceptaba la responsabilidad de traernos, llevarnos y
cuidar de nosotros, vigilante permanentemente y conocedor
de las travesuras de todos los escolanos, de las que
luego y a toro pasado hacía chistes y se los
contaba a los mayores y se reía con carcajada
abierta con sus hoyuelos en la cara y era aquí
cuando dejaba entrever aquel ángel que llevaba
dentro!.
Si algo le reprochamos es que fue un mal árbitro,
siempre que jugábamos y arbitraba Don Carlos,
perdía la Escolanía, siempre las faltas
y las ventajas eran a favor del contrario. !Qué
duro nos curtía hasta en el juego!.
¡Con qué respeto discernía los
planteamientos de nuestros padres hacia nosotros, los
cuales no coincidían con nuestras apetencias
de niños y jóvenes, pero él sabía
adecuarlos y justificarlos, defendiendo siempre la autoridad
de nuestros padres!. ¡A que nivel, siempre, nos
los ponía, qué gran respeto y admiración
les otorgaba por humildes que estos fueran!.
Recuerdo una vez, estaba yo casado y con hijos, hablamos
de esta cuestión y me decía: “Andrés
los que no somos padres, terminamos la jornada, llegamos
a nuestra casa, cerramos la puerta y a dormir. Los que
sois padres, no termináis la jornada nunca, no
cerráis vuestra puerta y cuantas veces ni dormís”.
¡Qué cierto era y qué visión
tenía D. Carlos de los tiempos!.
Y en su faceta educadora, ¡cómo nos marcaron
su rigidez en el estudio, con qué entrega y originalidad
nos transmitía!. ¿Os acordáis de
los pueblos en verso?: Madrid, Chinchón, Colmenar,
Alcalá de Henares, Getafe, El Pardo, Aranjuez,
El Escorial, Navalcarnero y Buitrago, y así todas
las provincias de España.
Fue un hombre sabio, apoyándose siempre en la
constancia, en la seriedad, porque no solamente sabía
sino que además sabía enseñar.¡Como
nos curtía ante las pequeñas adversidades
propias de la infancia, con su famosa frase del “aguantoformo”.
Con qué facilidad asumía el papel de Padre
hacia nosotros y con qué categoría y sobriedad.
Recuerdo que cuando terminábamos tarde de cantar
o las inclemencias del tiempo eran manifiestas, a los
de la Estación nos llevaba en taxi, ¡qué
lujo entonces!.
¿Os acordáis de las famosas “cocas”?,
¡cómo se le escapaba el brazo ante un aleluya
a destiempo!. Cuántas veces nos echó de
los ensayos para no contagiar, ante un bostezo el cual
entendía él, que era aburrimiento y nos
mandaba a nuestra casa.
Detalles, sólo detalles, que tenían un
mensaje para mantener el rigor en las cosas bien hechas.
Y de aquellos días en Jerez, ¿os acordáis,
de la barca que no era marinera porque casi siempre
estaba boca a bajo?. De las veladas de guiñol,
que llamábamos cristobicas, de las tablas de
gimnasia a primera hora de la mañana y de las
siestas a la sombra de los castaños.¡Cuántos
rosarios rezados en el descanso de la larga caminata
por la sierra, los cuales nos hacían por efectos
de la altitud, del paisaje y del cansancio encontrarnos
más cerca de Dios!
¡Qué navidades aquellas, con cuánto
mimo se hacia el Belén, nuestro Belén,
con qué maestría convertía nuestras
aulas de aprendizaje en salas de divertimento, pin-pon,
palé, sabíamos dónde se guardaban
aquellas bolsas de caramelos, aquellos famosos caramelos
redondos, envueltos en papel transparente, había
incluso bandeja de mantecados y anís para invitados
mayores!. ¡Quién no recuerda los villancicos
en la calle ,pidiendo con el revés de la pandereta,
cómo se nos quedó el alma impregnada del
cascabeleo y Reyes Magos!.
Y por último, ¡cómo no hacer mención,
a esa hulla tan profunda que nos incrustó Don
Carlos en el corazón, el gusto por la música,
el coro en si, la rondalla, los seises!.
Yo creo que a todo escolano cuando oye en los postreros
años de la vida, el Ave María, el Aleluya,
o los propios villancicos, no puede evitar que se le
erice el vello, que la memoria se le embote de recuerdos
y el corazón se le ensanche de felicidad, en
reconocimiento a una obra llamada “Escolanía”
hecha por un sembrador de virtudes llamado D. Carlos.
Muchas gracias.
Andrés Asensio Martínez
25-diciembre-2005
50 aniversario Escolanía de Guadix
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