ESCOLANÍA DE GUADIX (GRANADA)

50 ANIVERSARIO 1956 - 2006  

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D. CARLOS Y SUS “NIÑOS CANTORES”
- ¿Y has pensado ya cómo vas a mantener la ilusión de los niños por el canto?- le inquirió don Jerónimo mientras se sentaba en el banco de piedra, mirando al campanario de la Catedral, de espaldas al ayuntamiento.
La Plaza de las Palomas, como era popularmente conocida la Plaza del Ayuntamiento, era el lugar de reunión informal de los jóvenes sacerdotes antes de retirarse a sus hogares entre las 7 y las 8 de la tarde.
Aquel día de 1956, primeros de septiembre, aún no había empezado a refrescar y se hacía difícil acercarse siquiera a la zona soleada de la plaza, así que todos buscaban la sombra como si quisieran fundir sus sotanas con el oscuro del granito.
- ¿Te parece poco aliciente ofrecer estudios gratuitos para los cantores, actividades deportivas por las tardes y cursos de inglés, francés y mecanografía?- saltó al quite don Jesús, el más joven, alumno de don Carlos, a quien miraba de reojo comprendiendo lo abrumado que debía sentirse su corazón ante la difícil empresa que se había encomendado, a pesar de haber sido idea suya.
- Tiene razón, Jesús, los estudios gratuitos son un excelente aliciente para los padres, pero a los niños y los mociquillos, hay que ganárselos con algo más que bonitas canciones.- Replicó Cecilio, siempre tan práctico.- ¿qué te parecería utilizar el seminario de Jerez del Marquesado para realizar campamentos veraniegos?, seguro que si lo solicitas no te dirán que no.
- Ah! Es una excelente idea.- Asintieron todos a la vez.
Don Carlos sonreía sin decir nada dejando que sus amigos bromearan sobre las actividades que más les gustaría hacer a los jóvenes y, cuando ya pensaban que esa era la mejor idea de la tarde don Carlos dijo enigmáticamente:
- Creo que hay algo mejor que podríamos hacer por los niños. Podríamos conseguir que recorrieran todo el país y toda Europa visitando las ciudades más importantes del continente, que canten sus alabanzas a Dios en los templos más destacados de la cristiandad y que abran sus ojos y sus espíritus a otras culturas, otras formas de pensar; que reciban en definitiva la enseñanza humanista de la forma más alegre y eficaz que existe: viajando.
Aquellas palabras despertaron primero sorpresa, luego unas ligeras sonrisas incrédulas, para luego abrir paso a una admiración contenida.
- Sin duda el esfuerzo merecería la pena, pero…¿cómo se pueden conseguir esos viajes?, acaso piensas que nuestro humilde coro llegará algún día a ser tan importante como el Orfeón Donostiarra o los Niños Cantores de Viena?,
- ¡Dios me libre!, jamás pensé en algo así. No, no, de ningún modo. Yo había pensado en algo mucho más sencillo y efectivo. Había pensado en asociarnos a la Federación Internacional de Pueri Cantores. Ésta mañana he escrito al padre Prieto que es actualmente su presidente. En pocos años, si todo sale bien con la ayuda de Nuestro Señor, podremos realizar un viaje de vez en cuando.
- ¿Y cómo piensas costear todos esos viajes?, ya sabes que hay cientos de iglesias por restaurar en la diócesis y el colegio no dispone de fondos ni para pagar a los maestros contratados.- Se atrevió a responder don Jerónimo.
- Dios proveerá querido amigo, Dios proveerá.
Desde el primer momento don Carlos sabe de la dificultad de mantener el interés de los niños en el coro. Es enorme el sacrificio que deben realizar diariamente, ensayando una hora como mínimo, participando en todas las fiestas de la Catedral y todos los domingos, dejando de lado fines de semana, vacaciones o fiestas de guardar. No era suficiente proponer actividades deportivas por las tardes, invitar a los niños a campamentos de verano en el seminario de Jerez del Marquesado, crear rondallas o dirigir el colegio con la mejor oferta educativa de la comarca.
Aún faltaba algo que, con el tiempo, se convertiría en el principal aliciente de todos los escolanos: los viajes; los viajes por toda España, y más aún, los viajes por toda Europa. Para algunos niños criados en las cuevas de Guadix eran escasas las posibilidades de salir al exterior si no era para emigrar con sus padres en busca de una vida mejor, algo que no pocos acabaron haciendo en los años 60.
Aún sabiendo que no era lo más importante, pues para don Carlos el mayor honor que se podía tener era la alabanza a Dios a través del canto, no dudó en ponerse en contacto con otro sacerdote con el que llegaría a tener una larga amistad. El padre Ignacio Prieto.
No sería hasta el verano de 1964 que no se animaría don Carlos a aceptar una invitación de la Federación Internacional, y lo hizo porque ese año confluyeron tres motivos: en primer lugar, el más práctico, porque se celebraba en Madrid, su ciudad natal y la más cercana capital europea; en segundo lugar, porque ya había admitido el hecho de que “su” Escolanía tenía nivel suficiente como para hacer un papel digno representando a su ciudad; y en tercer lugar, tal vez el más importante al principio, por el apoyo, ánimo y ayuda inestimable de don Vicente Moreno, que lo convence de la calidad del coro y le aporta solidez en el entramado institucional que permite recibir ayudas y subvenciones de diversas corporaciones y entidades públicas y privadas.
Era el IX Congreso Internacional y la Escolanía acudía como novata con la ilusión contagiosa de un niño y el deseo de hacerlo lo mejor posible. Y de qué manera… de allí surgió enseguida la posibilidad de realizar una grabación en disco para la casa Hispavox.
Al poco tiempo, y tras el excelente papel en Loreto 66, participamos en el XI congreso en Roma en 1967, donde deslumbra la maravillosa voz de Antonio Buendía. Tal fue la repercusión de su actuación que recibió la invitación del director de la Capilla Sixtina para quedarse realizando estudios en la famosa institución Vaticana.
Tres años después acudimos a la ciudad alemana de Würzburg que acogió el XIII Congreso Internacional de Pueri Cantores durante los días 23 al 27 de Julio de 1970. Fue en tierras germanas donde iniciamos una costumbre por la que nos sentimos orgullosos y honrados: representamos a nuestro país en el Concierto de las Naciones, honor que se repetiría en varias ocasiones más: Venray, París, Roma, Viena ...
Se repetían los éxitos para la Escolanía y los niños se ilusionaban cada vez más con los viajes tan extraordinarios, las amistades, esos lugares donde crecía césped de manera natural, donde existía algo llamado “carril bici”.
Al poco tiempo intercalamos las salidas al extranjero con los congresos nacionales, como los de Vigo 71, Toledo 73, Zamora 77, Leon 79, Ávila 81, y un largo etcétera, hasta llegar a Barcelona, última cita a la que acudió la Escolanía de manos de su fundador, don Carlos Ros. Han sido más de 35 años ligados a una institución que nació para hacer olvidar los horrores de una guerra a través de las limpias voces de los niños europeos y que pronto unió en un único himno a todo el mundo.
Seguramente la ilusión que nos llevó a recorrer media Europa es la misma que atrae a cientos de jóvenes a estos congresos, y que se extiende y crece con los niños que alguna vez participaron en este maravilloso evento.
Larga vida a las Escolanías, larga vida a la Federación Internacional y sus afiliados nacionales.
 
 
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